SANTANDER, 27 de enero.
En un paso importante para la preservación del patrimonio cultural de Cantabria, la Dirección General de Patrimonio Cultural del Gobierno regional ha comenzado el proceso para clasificar el Convento de San Ildefonso en Ajo (Bareyo) como Bien de Interés Local, específicamente como monumento. Esta medida, que busca proteger y reconocer la relevancia histórica del edificio, fue aprobada el pasado 19 de diciembre por la directora general de Cultura, Eva Guillermina Fernández.
La resolución fue oficializada en el Boletín Oficial de Cantabria el 29 de diciembre y, posteriormente, se divulgó en el Boletín Oficial del Estado el pasado martes, 27 de enero. Según la documentación publicada, esta decisión se fundamenta en un informe positivo emitido por la Comisión Técnica de Patrimonio Edificado, que recomendó la apertura de este procedimiento.
El Convento de San Ildefonso, ubicado en el Barrio de Camino de Ajo, fue fundado en el siglo XVI por Alonso de Camino y Carrera, que sirvió como diplomático y capitán bajo Felipe II durante la época del Duque de Alba. Este noble recibió importantes recompensas por sus servicios, que incluyeron el título de Señor de varias villas y la responsabilidad de encargar la construcción del convento a Diego de Sisniega, un arquitecto que había trabajado en el icónico Monasterio de El Escorial.
La edificación del convento implicó la colaboración de diversos artesanos, entre ellos Pedro de Navedo y Juan de San Juan en la cantería, y Domingo de Zorlado en la carpintería. El impresionante retablo de arena fue confeccionado por Rodrigo de los Corrales Isla, mientras que la escultórica imagen de Alonso de Camino fue realizada por el artista burgalés Pedro Gómez. Se estima que la construcción total del convento costó alrededor de 44.000 ducados, una suma considerable para la época.
En 1588, el convento fue entregado a los Carmelitas Descalzos, quienes lo abandonaron poco después, permitiendo que los dominicos se establecieran en él hasta 1835. Durante este período, el convento adquirió numerosas propiedades y construyó una hospedería para peregrinos en 1756, convirtiéndose en un importante punto de encuentro para viajeros.
Con la llegada del Trienio Liberal en 1820, el convento sufrió su primera desamortización, desalojando a los frailes, aunque en 1823 se les devolvieron sus propiedades. No obstante, en agosto de 1835, tras la desamortización de Mendizábal, la comunidad abandonó el convento de manera definitiva, lo que resultó en que el Estado asumiera la propiedad del edificio y varios de sus bienes, incluyendo libros, cuadros y utensilios religiosos.
El convento fue subastado en 1849 y adquirido por Melchor Rábago, quien mostró intención de demolerlo. Sin embargo, un grupo de vecinos preocupados por su posible destrucción logró comprarlo por 15.500 reales, salvaguardando así su legado histórico.
El último religioso que habitó el convento fue el Padre Apolinar, un personaje literario que apareció en la novela 'Sotileza' de José María de Pereda. Hoy en día, la iglesia del convento se mantiene en pie, habiendo sido restaurada en 1971, aunque ha perdido algunos de sus elementos originales como los retablos y la sillería del coro.
Con la reciente publicación de la resolución en el BOC y el BOE, se establecerá de manera inmediata y provisional un régimen de protección conforme a la Ley de Patrimonio Cultural de Cantabria para este bien declarado. Las personas interesadas tienen un mes desde la publicación para presentar recursos ante la Consejería de Cultura, encabezada por Luis Martínez Abad, en caso de impugnar la decisión.
Tags:
Categoría:
Newsletter
Entérate de las últimas noticias cómodamente desde tu mail.