Un análisis reciente de las condiciones climáticas en Cantabria apunta a un enero que se ha caracterizado por un notorio déficit en las precipitaciones, registrándose un 24% menos de lo esperado. Esta información fue compartida por la Delegación Territorial de la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) en un informe presentado esta semana.
El primer mes del año mostró un comportamiento térmico que se considera dentro de la normalidad, con una temperatura media de 6.2ºC. Este valor se alinea con los promedios históricos establecidos entre 1991 y 2020, situando a enero de 2023 como el trigésimo tercer enero más cálido del período de 1961 a 2025.
En términos de temperatura máxima, se registró un promedio de 10.2 grados, que se sitúa levemente por debajo de la media climatológica local. Las temperaturas mínimas promedio también fueron de 2.1ºC, mostrando una ligera disminución respecto a las medias establecidas para enero.
El mes se caracterizó por su escasez de lluvias, alcanzando únicamente 105.2 mm de precipitación, un dato que contrasta notablemente con los 139 mm esperados normalmente en esta época. Esto refleja un inicio de año hidrológico con condiciones secas, acumulando hasta ahora 434.6 mm, un 22% menos que lo habitual para este período.
Además, enero trajo consigo un fenómeno interesante: se produjeron 118 descargas de rayos, de las cuales un notable 66% ocurrieron el día 25, con un total de 78 descargas en ese día solo.
De acuerdo con el informe de AEMET, el inicio de enero estuvo marcado por temperaturas por debajo de lo habitual. La interacción de la borrasca Francis y la entrada de aire ártico resultaron en un dramático descenso de las temperaturas. El 4 de enero, se registraron anomalías de hasta -5ºC, junto a nevadas significativas en la cordillera Cantábrica y en áreas más bajas.
Sin embargo, las condiciones cambiaron rápidamente entre el 11 y el 15 de enero, con varias borrascas desplazándose por el Atlántico que elevaron las temperaturas a niveles superiores en 5ºC respecto a lo promedio para esa fecha, alcanzando un máximo el día 12.
La segunda mitad del mes estuvo marcada por la actividad de borrascas de alto impacto como Ingrid, Joseph y Kristin. Estas borrascas generaron múltiples alertas meteorológicas, especialmente por fenómenos costeros a lo largo de la costa cantábrica, afectando tanto la navegación como las actividades costeras.
Asimismo, estas condiciones trajeron ráfagas de viento muy intensas, destacándose la borrasca Ingrid, que el día 25 reportó rachas de hasta 117 y 115 km/h en San Vicente y Santander (Cueto) respectivamente.
Las borrascas además provocaron un aumento generalizado de las precipitaciones, pero, irónicamente, también resultaron en una reducción del 20% en las horas de insolación en Cantabria comparado con el promedio histórico.
En cuanto a las temperaturas extremas, el día 21 se registró el día más caluroso con 21.8ºC en San Vicente de la Barquera, mientras que la temperatura más baja, de -13.7ºC, se alcanzó el día 4 en la estación de Cabaña Verónica, en los Picos de Europa.
El registro de precipitación más alto en un periodo de 24 horas tuvo lugar el día 26 en la estación de Fuente Dé, acumulando 60 litros por metro cuadrado. Ese mismo día, el Mirador del Cable, también en los Picos de Europa, marcó una notable racha de viento de 179 kilómetros por hora.
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