El 18 de febrero, en Santander, ha surgido un fuerte eco entre las organizaciones educativas de Cantabria. La Federación de Asociaciones de Madres y Padres de Alumnado (FAMPA) ha salido a la palestra para expresar su respaldo a la reciente propuesta de calendario escolar aprobada por el Consejo Escolar, del cual forma parte. Esta propuesta contempla extender las vacaciones navideñas y reducir los periodos no lectivos a tan solo tres días, en lugar de una semana completa. Asimismo, FAMPA ha defendido la necesidad de eliminar la jornada reducida que se aplica en los meses de junio y septiembre.
En un comunicado emitido el miércoles, FAMPA aclaró que, aunque considera que la propuesta del Consejo Escolar no es la más idónea para sus intereses, es crucial demostrar apoyo a un acuerdo que, después de casi una década de discordias y diferentes enfoques, se ha conseguido gracias a un diálogo fructífero entre diversas organizaciones. La Federación ha dejado claro que no presentará una alternativa en cuanto a la distribución de días lectivos.
FAMPA, al detallar su postura, subrayó que han transcurrido nueve años desde que se implementó un nuevo modelo de calendario escolar que, según ellos, se adoptó sin la debida evaluación previa ni la participación activa de la mayoría de los actores de la comunidad educativa. Consideran que esta falta de estudio ha llevado a una situación en la que el actual calendario, lejos de facilitar la enseñanza, ha traído más inconvenientes.
Desde su perspectiva, el enfoque bimestral adoptado todavía no ha demostrado los beneficios pedagógicos que se esperaban de su implementación. A su juicio, aunque los bimestres son la norma para los periodos lectivos, en la práctica la estructura del curso sigue organizándose en trimestres. Este desfase es evidente, especialmente en Educación Secundaria, Formación Profesional y Bachillerato, donde las semanas libres se convierten en tiempos de tareas y exámenes, en lugar de ser verdaderos periodos de descanso para los estudiantes.
FAMPA también ha criticado la evaluación cualitativa establecida, que no ha cumplido con las expectativas asociadas a este nuevo modelo. En lugar de ser una herramienta útil para identificar necesidades y mejorar el diálogo con las familias, ha devenido en otra forma de evaluación, cambiando solo la nomenclatura sin modificar la esencia del proceso.
El colectivo ha señalado que los planes de formación docente, inicialmente pensados para aprovechar las semanas no lectivas, no se están implementando como estaba previsto. Este hecho refuerza su solicitud de una revisión exhaustiva y rigurosa de este modelo, un estudio que debería abordar no solo el rendimiento académico, sino también el bienestar integral de los alumnos y cómo afecta su convivencia y la dinámica familiar.
FAMPA exige que el calendario escolar y el laboral sean claramente diferenciados y que haya una involucración activa de toda la comunidad educativa en la elaboración del calendario escolar. De este modo, se garantizaría una planificación más efectiva y acorde a las necesidades de todos.
En sus propuestas, la Federación solicita la eliminación de la jornada reducida en los meses de junio y septiembre, ya que consideran que su justificación pedagógica es inexistente. Esta medida, creen, complicaría la conciliación familiar y afectaría la organización de los centros y las actividades extraescolares, además de provocar alteraciones en los horarios del comedor y el transporte escolar en diversas instituciones.
Asimismo, FAMPA hace hincapié en la necesidad de respetar el calendario escolar en Secundaria, Formación Profesional y Bachillerato, destacando que a menudo el curso no comienza ni termina en las fechas establecidas, lo que repercute negativamente en el aprendizaje. Abogan por establecer una cantidad mínima de días necesarios para asegurar un desarrollo normal del curso académico, evitando retrasos innecesarios a la hora de iniciar las clases.
En relación al servicio de comedor y transporte escolar, FAMPA señala que su funcionamiento no siempre es normal en junio y septiembre. Reclaman que se mantenga la operatividad de estos servicios durante todo el año, sugiriendo que la planificación inicial de días no lectivos debe incluir consideraciones sobre cómo organizar adecuadamente estos servicios.
Finalmente, la eliminación de tareas durante los periodos no lectivos es otro de los puntos sobre los que FAMPA ha manifestado su preocupación. También proponen un calendario adaptado a las festividades locales, autonómicas y nacionales, planteando que un esquema de 177 días lectivos permitiría a ciertos centros finalizar el curso uno o dos días antes, optimizando así el tiempo y la planificación educativa. En caso de no poder aplicar esta propuesta, sugieren que marcar en otro color esos días excepcionales sería un primer paso mínimo hacia una solución adecuada.
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