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Padre confiesa agresiones sexuales a sus hijas desde la infancia y es condenado a 23 años de cárcel.

Padre confiesa agresiones sexuales a sus hijas desde la infancia y es condenado a 23 años de cárcel.

El 16 de diciembre en Santander, un hombre se ha declarado culpable de agresión sexual a dos de sus hijas, comenzando un proceso judicial que deja una profunda impresión en la sociedad. Durante la audiencia en la Audiencia Provincial de Cantabria, el acusado aceptó una pena de 23 años de prisión, conforme a un acuerdo entre las partes que estableció una rebaja en la condena respecto a lo solicitado originalmente por la Fiscalía y los abogados de las víctimas.

El pacto alcanzado antes del juicio redujo la pena a 14 años y 3 meses por la violación de su hija mayor, así como 8 años y 9 meses por los tocamientos a la hija menor, quien aún no ha alcanzado la edad de mayoría. Además, se le privará de la patria potestad de la menor durante seis años, una cruel consecuencia que busca proteger a las víctimas.

En un contexto de dolor y búsqueda de justicia, se ha acordado que el agresor indemnizará a sus hijas con un total de 30.000 euros, distribuidos en 20.000 euros para la mayor y 10.000 para la menor. Esta cifra, aunque inferior a la inicialmente solicitada por la defensa de las víctimas, refleja un esfuerzo por reparar el daño infligido a ambas jóvenes.

El hombre también tiene la prohibición de acercarse ni comunicarse con sus hijas durante un largo período: 18 años para la mayor y 15 para la menor. Adicionalmente, queda inhabilitado para trabajar con menores durante más de 19 años, una medida que busca garantizar la seguridad de otros niños en el futuro.

La no celebración del juicio tradicional se debe a la aceptación de los hechos por parte del acusado, quien prefirió no ejercer su derecho a la última palabra. Esto implica un reconocimiento de la violencia sistemática a la que sometió a sus hijas, un relato de horror que ahora queda registrado y que será parte fundamental de la sentencia.

La historia de las víctimas se remonta a cuando la hija mayor tenía diez años y fue objeto de agresiones sexuales de manera continuada hasta cumplir 18. El comportamiento del padre era intimidatorio, ya que solía amenazar a la joven si ella se atrevía a hablar sobre lo que acontecía en casa. Por su parte, la hija menor también sufrió tocamientos desde los diez años hasta los trece, lo que elevó la preocupación de su madre, quien finalmente descubrió el oscuro secreto familiar.

Fue un acto de valentía por parte de las víctimas, quienes, tras haber afrontado un tormento prolongado, revelaron su sufrimiento. La condena de 23 años que enfrenta el padre es un paso hacia la justicia, aunque el camino hacia la recuperación emocional y física de las hijas es uno que requerirá tiempo y apoyo significativo.